Señor Jesús, en tu Corazón herido
descubrimos la ternura del Padre, la misericordia que no se agota y el amor que abraza nuestras fragilidades.
Tú conoces nuestras heridas y nuestras búsquedas.
Acércanos a tu Corazón manso y humilde, enséñanos a confiar, a perdonar, a servir con alegría y a amar sin medida.
Que cada latido de tu Corazón nos recuerde que somos amados, y que la bondad de Dios nos sostiene siempre.
Amén.


