Señor, Dios bueno y fiel, te damos gracias por quienes han respondido al llamado de educar, por su paciencia, su entrega cotidiana y su corazón abierto.
Bendice a quienes siembran esperanza en las aulas, a quienes acompañan con ternura el crecimiento de niñas, niños y jóvenes.
Dales sabiduría para enseñar con claridad, fuerza para sostenerse en el cansancio y alegría para seguir formando vidas con generosidad y fe.
Haz de cada educador y educadora testigo de tu bondad, artesano de justicia, y sembrador de paz.
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Amén.15


