San José,
tú conociste la dignidad del trabajo callado, la fuerza de unas manos que cuidan, construyen y sostienen.
Acompáñanos en nuestras labores de cada día.
Que el cansancio no nos quite la alegría, que la rutina no apague el sentido, y que el servicio a los demás sea siempre semilla de esperanza.
Enseñanos a trabajar con paciencia, a mantener el corazón sereno en medio del estuerzo, y a buscar siempre el bien en lo que hacemos.
Intercede por quienes no encuentran trabajo, por quienes viven la incertidumbre y el desaliento.
Que no les falte el sustento, ni el consuelo de saberse acompañados.
Que nuestras tareas, por pequeñas que parezcan, sean lugar de encuentro, de aprendizaje y de amor profundo.
Y que en cada jornada sepamos reconocer la presencia fiel de Dios a nuestro lado.
Amén.


